Centro Médico Bios, A.C.

Citas: (5688-4575) (5688-4595) (5604-3136)

Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas.

SEÑOR Y DIOS MIO, al emprender este día las actividades propias de mi profesión, vuelvo a Ti mis ojos, Dador y Árbitro de la vida y de la muerte, implorando de tu sabiduría infinita, luz y acierto en mis diagnósticos.

Que sea yo hoy en mi práctica profesional, digno colaborador tuyo en sostener y reparar la vida de mis prójimos, que tu dignas confiar a mis cuidados, y que me haga acreedor a que mis enfermos puedan decir siempre de mí, lo que de ti dijeron los que Tu curaste durante tu vida mortal : “PASO HACIENDO EL BIEN”.


ORACIÓN DEL MÉDICO COMPUESTA POR JUAN PABLO II

Señor Jesús, Médico divino, que en tu vida terrena tuviste predilección por los que sufren y encomendaste a tus discípulos el ministerio de la curación, haz que estemos siempre dispuestos a aliviar los sufrimientos de nuestros hermanos. Haz que cada uno de nosotros, consciente de la gran misión que le ha sido confiada, se esfuerce por ser siempre instrumento de tu amor misericordioso en su servicio diario. Ilumina nuestra mente. Guía nuestra mano. Haz que nuestro corazón sea atento y compasivo. Haz que en cada paciente sepamos descubrir los rasgos de tu rostro divino. Tú, que eres el camino, concédenos la gracia de imitarte cada día como médicos no sólo del cuerpo sino también de toda la persona, ayudando a los enfermos a recorrer con confianza su camino terreno hasta el momento del encuentro contigo. Tú, que eres la verdad, danos sabiduría y ciencia, para penetrar en el misterio del hombre y de su destino trascendente, mientras nos acercamos a él para descubrir las causas del mal y para encontrar los remedios oportunos. Tú, que eres la vida, concédenos anunciar y testimoniar en nuestra profesión el "evangelio de la vida", comprometiéndonos a defenderla siempre, desde la concepción hasta su término natural, y a respetar la dignidad de todo ser humano, especialmente de los más débiles y necesitados. Señor, haznos buenos samaritanos, dispuestos a acoger, curar y consolar a todos aquellos con quienes nos encontramos en nuestro trabajo. A ejemplo de los médicos santos que nos han precedido, ayúdanos a dar nuestra generosa aportación para renovar constantemente las instituciones sanitarias. Bendice nuestro estudio y nuestra profesión. Ilumina nuestra investigación y nuestra enseñanza. Por último, concédenos que, habiéndote amado y servido constantemente en nuestros hermanos enfermos, al final de nuestra peregrinación terrena podamos contemplar tu rostro glorioso y experimentar el gozo del encuentro contigo, en tu reino de alegría y paz infinita.

Amén.